Todavía existen fenómenos radiofónicos: Serial

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Imagina que eres un adolescente que está a punto de terminar la preparatoria y llegan unos policías a interrogarte y te preguntan qué fue lo que hiciste en un lapso crucial de 21 minutos hace 6 semanas. ¿Responderías sin ninguna duda? ¿Con una estructura lineal? ¿Recordarías con quién estabas, a quién llamaste, qué comiste o qué estabas leyendo?

Adnan Syed es probablemente el único al que le ha pasado esta situación hipotética y ahora purga una condena de por vida en prisión tras ser declarado culpable del asesinato, en 1999, de su ex novia, Hae-Min Lee, en Baltimore, Estados Unidos. Quince años después, una reportera y productora de radio, Sarah Koenig (de ese otro fenómeno llamado This American Life que trataremos en otra ocasión), decidió tomar este caso luego de que Rabia, la amiga de Adnan, le platicara al respecto. Sí: un caso de justicia puesto en duda por una amiga que se llama RABIA.

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Serial es un spin-off de This American Life pensado para consumirse digitalmente. Esto es, en formato de podcast. El eslogan reza: “una historia contada semana tras semana”. La primera temporada consta de 12 episodios y es imprescindible que se escuche de manera secuencial. Como cuando se consumían las series antes de Netflix. (En la página serialpodcast.org hay extras, como fotos y mapas)

Sarah Koenig dedica meses a este trabajo de no ficción que no habíamos escuchado en mucho tiempo. Mientras las series televisivas sobre crímen pululan en Netflix o en cualquier sistema de tv abierta o de paga (The Killing, The fall, etc), en radio no sabemos nada. (Y no se diga de México, que lo veremos más adelante). Sarah se vale de testimonios grabados y textuales de la actualidad, y los contrasta con interrogatorios y audiencias de la época, para contarnos una historia que habla tanto del sistema de justicia norteamericano, como de las emociones humanas llevadas al extremo.

Serial es un trabajo periodístico en primera persona en el que la reportera se dirige a sus escuchas hablándoles de tú, compartiéndoles las dudas que ella tiene cuando habla por teléfono con Adnan, cuando habla con quienes lo conocieron, y cuando está frente a la computadora sopesando lo que dijo cada quién. O con lo que no dijeron.

Tanto el escucha como ella van cambiando de parecer conforme avanzan los capítulos. La reportera es un personaje más que se involucra con su audiencia y con el sentenciado. Serial es un relato casi íntimo, por lo que no podemos encontrar objetividad, ni la queremos (ojo: sí hay balance de fuentes, sí hay método, sí hay dilemas que Koenig nos transparenta).

No sé si llego tarde al tema del crímen tratado en cualquier tipo de industria cultural. Quizás haya algo de “A sangre fría” de Truman Capote (mi referencia viene de haber visto la película, no de leer la novela), quizás algo de The Killing, quizás algo de ESOS programas sobre crímenes que se resuelven al minuto 29 o casi cuando están saliendo los créditos finales. Ustedes sabrán juzgar mejor que yo.

Pero Serial, aparte de que es real, es diferente. Acá se “juega” partiendo de la presunción de inocencia, ese ideal olvidado en Peñatilandia. Acá, los personajes resuenan dentro de nosotros porque son personas reales que tienen matices que difuminan o aclaran -dependiendo del episodio- nuestras percepciones sobre el caso.

En un país como México, en el que ningún asesinato resuena (escribo esto con un gran 43 convirtiéndose en un paréntesis fantasmal -en negritas, subrayado y ARIAL 72- de mi país), llega una serie de podcast (otra cosa que no resuena en México, me quejo líneas abajo) que habla sobre una chica asesinada en las circunstancias más opacas de una ciudad tan opaca en nuestro imaginario colectivo al sur del río bravo: Baltimore.

Pero resuena, y te hace evocar imágenes. Detona tu imaginación y atención. Nadie aquí es una cifra más. Y el espectro de emociones y pensamientos que surgen luego de escuchar cada capítulo es amplio, como escoger un pantone de rojo. Serial es un fenómeno de podcast (La radio pública de Chicago, WBEZ aparece como productora, no transmisora) que ha logrado trascender a las páginas del New York Times, a la BBC, a Reddit, y que ha ocasionado que Slate (este portal informativo y de opinión que le ha apostado con éxito al podcasting) tenga un podcast exprofeso dedicado en su totalidad a hablar y analizar la serie: “The Serial spoiler special”. (MEGA ADVERTENCIA: hay que haber escuchado cada capítulo de Serial antes de escuchar cada capítulo de dicho podcast). Todo esto mientras que en Guadalajara rara vez los periódicos hablan de la radio, no sé si por recelo por estupidez. Como si ambos mundos no coludieran a cada instante ni abrevaran el uno del otro. Mi colega Lilián Solórzano lo hacía en Mural, luego en internet, luego ya nada.

Recomiendo atenerse, en primera instancia, únicamente a los episodios de la serie. Uno se ve tentado a buscar en internet más del caso, pero puede que le rompas a la narrativa del programa; y advierto a los que no son nativos del inglés: habrá que rebobinar algunas cosas por lo ilegible de algunas grabaciones, (pecata minuta: las palabras se las lleva el viento pero el podcast se las queda).

No hay fenómenos radiofónicos

Pareciera que en México estamos condenados a que los únicos fenómenos radiofónicos que escucharemos tengan que ver con escándalos noticiosos transmitidos por Carmen Aristegui, chacoteos del Weso, o liviandades en La Corneta.

En formato podcast, El único que marcó un hito fue Olallo Rubio (quien hizo una emisión extraordinaria para hablar del caso Ayotzinapa), seguido de Fernanda Tapia, Dixo y lo que intentó hacer en su tiempo Indio. Recientemente, el peruano Daniel Alarcón se anotó un golazo con el proyecto Radio Ambulante, que cuenta historias de América Latina (lo vendo como “un Gatopardo en formato sonoro” -aunque dicen que Gatopardo ya no es lo que era).

Y me cuesta trabajo encontrar cosas así en español. Hay un mar de opciones en poderato, podomatic, ivoox y soundcloud. Pero dar con trabajos bienhechos con amor y dedicación se vuelve muy complejo y sucumbo ante la capacidad productiva de los gringos para hacer radio y podcast de altísima manufactura.

Mientras tanto, en la podcastósfera y ondas hertzianas mexicanas hay que hacer un esfuerzo aún mayor por dar con trabajos así: muchos podcasteros se olvidan de que hay que poner metadatos en los archivos que suben a iTunes; de redactar descripciones de los episodios o ya de pérdida una imagen previsualizada decente. Esperan que algún pescador incauto llegue a sus productos con una cañita que nomás le alcanza para sacar puro charal viral del feis, del tuirer o de youtube. Nadie les ha dicho que los podcasts son para los buzos del internet. Mínimo hay que hacérselas más fácil. (Sí, sí hay algunas cosas buenas que hace Radio Universidad de Guadalajara, pero te deseo buena suerte encontrando esos podcasts con facilidad).

Muchas veces me han dicho de radionovelas que ya no existen y que no he buscado, como Kalimán. O que todavía hay programas de radio que cuentan historias de terror. Pero pareciera que las estaciones de radio mexicanas siguen viviendo en 1958, cuando se transmitía (y sigue transmitiendo) “La tremenda corte”: quien escuchó, escuchó (esto amerita ootro artículo).

Si consideras que Serial te ha movido muchas fibras, por favor escríbeme a micro@microgdl.com para que me compartas tus opiniones. Yo las publicaré en este post.

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