Movimiento -ciudadano no, qué oso-por hileras de butacas sin huecos individuales

asientos

Desde que uno puede escoger asientos en Cinépolis, se ha extendido la práctica de escoger lugares que queden lo más lejos posible de otro espectador. El resultado es ver hileras donde hay tres o más asientos disponibles pero no pegados el uno al otro.

Ayer dije. ¡Ni una -butaca-más!

En mi fila sólo había una persona. Escogí mi boleto justo al lado. Codo con codo. Llegué, dije “Hola”, y el cinéfilo, sorprendido, quitó su mochila para que yo me sentara. A su izquierda había 7 asientos vacíos y a mi derecha cinco, luego una chica, luego otros 5 asientos vacíos.

El tipo comenzó a sentirse incómodo porque los asientos a ambos lados de nosotros no estaban siendo ocupados y la sección de tráilers de las películas estaban llegando a su fin.

¡Luego rozó mi codo sin querer! Esto debió haber prendido focos rojos. ¡Alerta roja corporal!

Estiré un poco las piernas y mi mezclilla hizo fricción con su mezclilla. Juro que yo quería abrir mi compás lo suficiente como para estar cómodo pero no para invadir su espacio vital.

Cuando se apagaron las luces para que empezara la función, el tipo volteó hacia ambos lados para que yo notara que había muchos asientos. Un mundo de distancia potencial y personal para ambos. Separados pero iguales. Pero yo ya tenía los ojos fijos en la pantalla, listo para ver “Muy (casi) en serio”, un documental hermoso sobre los moneros de The New Yorker. (Si esto hubiera ocurrido durante “La teoría sueca del amor”, un inquietante ensayo sobre lo que es vivir en la tierra prometida de las libertades individuales, me habría atascado de ironía).

Al final, mi compañero de hilera decidió moverse un asiento más a la izquierda y, en automático, mi compás se abrió un poco más. No sé cómo explicarlo. Los hombres nos abrimos de piernas sin que nadie nos lo pida.

Cuando vayan al cine solos y quieran escoger un asiento lo más alejado posible de alguien más, recuerden que existe la posibilidad de que personas como yo se sienten justo al lado de ustedes. Este movimiento sin pies ni cabeza -pero sí de butacas- ha empezado. Y está dispuesto a acabar con esa práctica de dejar huecos unipersonales que atentan, sobre todo, contra las parejas.

No perdonamos. No olvidamos. Nos sentamos a tu lado. Somos legión.

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