El empleado de la foto

Nunca sabré si la persona que sale en esta imagen ha sido o será alguna vez el empleado del mes. Tampoco sabré si la persona fotografiada recuerde aquel momento en que fue fotografiado de manera abrupta por un transeúnte mientras él procedía a deglutir sus sagrados alimentos -a saber, unas barritas y un seven up- sentado en una banca de un parque donde las constelaciones bautizan calles.

En el verano de 2007 decidí tomar un taller de fotografía impartido en inglés por un genial profesor llamado Paul Turounet. Parte de las actividades y tareas que encomendaba era, mira tú, salir a la calle y tomar fotografías. Muchas.

Recuerdo que no lo intenté demasiado. Tenía prisa. Supongo que el empleado también. ¿Con cuánto tiempo cuenta un empleado de Office Depot para comer, a juzgar por un refresco y unas galletas de harina procesada?

No lo sé. Y debo admitirlo, no me interesó en el momento. Tomé la foto, “es para la escuela”, apresuré ante su gesto contrariado y visiblemente molesto.

Me retiré del lugar y me di cuenta que me comenzó a seguir -una vez consumido su bastimento- demasiado tarde, pues ya me había subido yo al coche.

Después le pregunté a mi profesor cuál era el protocolo a seguir en estos casos, pues el momento de la fotografía se altera cuando lo solicitas y no vuelve a ser el mismo. Incluso, nunca pasar: “¿Te puedo tomar una foto?- ¿Para qué es?-Para un trabajo de la escuela-No, mejor no”.

Me esperaba su respuesta, que fue más o menos así:”La tomas y le preguntas después: ¿está bien?”.

Ignoro que es de… ¿Gonzo? ¿Armando? (no es legible su gaffette) en estos días. Pero su pulsera de colores rastafari me alivianan. Le ha de haber visto el lado cotorro al momento mientras cheleaba con sus amigos al ritmo de reggae.

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