Las ventajas de tener una habitación con ventanas

cercei

La madre se alista para su juicio sumario. Quién sabe cuánto orgullo se ha tragado para estar donde está ahora, viendo la ciudad que ha reinado, primero a través de su esposo, y luego a través de sus hijos. Pero ahí está de nuevo, recordándonos a Juana de Arco con ese pelo trasquilado y ajuar oscuro. Con una copa enorme de vino en la mano.
El gesto de desdén en la comisura de sus labios que disfraza su impaciencia: todos la esperan en una lejana sala de juicio mientras una sustancia verde empapa las entrañas de una ciudad sometida por la mojigatería aguarda a que se consuman tres velas -la mecha, el tic-tac que encenderá el fuego salvaje de un mundo tan ajeno y tan cercano a la vez-.
Y Cercei Lannister, que también puede ser tan fría y elegante como Claire Underwood -la de otro mundo tan ajeno y tan cercano a la vez, con la salvedad de que por pragmatismo no quiso tener hijos-, sólo tiene que esperar a que la justicia se ejerza bajo sus condiciones. No hay maldito modo de que ella sea la juzgada. La justicia es para persignados, ilusos e ignorantes. El poder es para los que, desde una ventana, sólo quieren ver el mundo arder.



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