La ciudad y la bestia: la novela

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“Tengo un reclamo para usted”. Me dijo el joven que controla el acceso a la universidad en la que trabajo. Y mientras yo palpaba mi pecho inmediatamente para ver si no había olvidado el gafete que te piden en la entrada, el joven sacó un ejemplar de El Tren y me señaló mi columna: “usted nomás me deja picado con esta historia”. Se refería a la serie “De cuando me puse a pensar en el acoso” (la pueden buscar en microgdl.com/acoso). No fue el único. También un alumno me reclamó lo mismo.

Lo que me dejó pensando —mientras estoy en La Paz grabando una historia de la que pronto les hablaré—, en la posibilidad de hacer algo distinto que tenga más perdurabilidad. Muchas de las columnas que escribo atienden coyunturas específicas que luego caducan y mis letras terminan limpiando vidrios, envolviendo aguacates o forrando piñatas. Así nace la idea “La ciudad y la bestia: la novela”. Una columna novelada (¿o novela columneada?), donde voy contando una historia de ficción en la que los personajes se ven afectados por los sucesos de nuestra realidad cotidiana.

¿Cuál será el primer capítulo de la próxima semana? Tendríamos que seguir la vida de Jairo, nuestro personaje. Todos nosotros nos hemos topado con Jairo al momento de pagar en caja. Jairo es el que aprendió a poner los galones de leche en bolsa doble y las cosas frágiles en bolsas separadas. Hay que encontrar a Jairo, el cerillo. ¿A dónde se fue con el cierre de Aurrerá Chapultepec? ¿A quién le importa este morro?

Lo encuentras en facebook.com/laciudadylabestia

La ciudad y la bestia - el orden

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