Guadalajara, derechos reservados

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No se trata de enfocarse en el ego dolido de agencias o colegas rivales sobre si se pudo o no haber hecho mejor la marca #GuadalajaraGuadalajara. Ni de la interpretación de los artistas que aparecen en el video.

Se trata del discurso que pretende ser diverso pero sigue pregonando la homogeneidad y la identidad que ya se había inventado de nosotros décadas atrás (el Charro negro, el mariachi, el católico, el macho, Jalisco es México, etc).

Y detrás de eso, el asumir nuestra ciudad como una marca. A las marcas las asociamos con consumo, competencia y mérito. El que no pueda, no consumirá su ciudad cuando antes se trataba sólo de vivirla. Lo que sigue es el desplazamiento del otro, los que son invisibles, los que serán “indeseables” para el turismo, que es la principal apuesta con esta campaña. Si es bastante complejo que una identidad nos englobe a todos, mucho menos una marca.

Insertarnos en el discurso de una ciudad como “marca”, nos mete al juego -que ya empezó, cuyas reglas ya están impuestas, cuyos rivales están fuera de nuestra liga- de ponerle poquitos dueños a todo lo que generan las industrias creativas. Las marcas se registran y se explotan por unos pocos. Las marcas distinguen a quienes las portan y excluyen a quienes las rechaza, y no necesariamente porque no le gusten, sino porque sencillamente están fuera de su alcance.

Agrego palabras de mi amiga Mina Morsán:
“recordé un proyecto que hicimos el año pasado sobre el perfil del ciudadano metropolitano, donde el resultado, más que definir una identidad homogénea, arrojó un compilado de daños que ha dejado en la gente y en el territorio este modelo de ciudad wannabe de muchas otras que no precisamente se han beneficiado de sus “marcas”, porque justamente capitalizan, en lugar de preservar.”

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