Ensimismado

La palabra “ensimismado” está tan definida en sí misma – valga la redundancia – que no hace falta mayor análisis. Cuando uno entra en un estado de ensimismamiento, pareciera que las perillas de intensidad de cada uno de los sentidos se minimizaran al punto de escuchar sólo lo que dice, o dicta, o grita la mente. Y a partir de ahí, uno puede elucubrar prácticamente todo: Cuerpos, almas, demonios internos, amores, viajes, dogmas religiosos, paradigmas financieros… un largo etcétera.

Pero, ¿qué pasaría si hiciéramos un viaje hacia el interior de nuestra mente? No en el sentido de estar dentro del cerebro en una nano-cápsula y tener una perspectiva anatómica de los parajes del cerebro a gran escala. Hablamos de hacer un viaje a la mente de uno mismo. Pero con la posibilidad y responsabilidad de alternar con todos los mundos posibles e imposibles, voltear hacia un lado y saludar a quien será tu mejor amigo. La falta de pericia del trailero que viene en dirección contraria a la tuya termine aplastándote.

Decisiones de vida.

Cosas así.



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