El mito de la inspiración


A estas horas de la madrugada tengo un reto. Y ese reto es escribir dos párrafos en los que las ideas tienen que fluir de manera coherente y que confirman el éxito de dicha tarea toda vez que el lector da fe de la legalidad del evento al emitir un comentario o retuitear al estilo “oei, ya leí este post y está super cool”. Tipo, pues.

Bueno, el párrafo anterior es prueba de que la “falta de inspiración” como principal justificación para no ponerse a escribir es una falacia. Y en el momento en que terminan ustedes de leer este segundo párrafo se darán cuenta de que el círculo se cierra de manera perfecta: Dos párrafos y la “línea entre líneas” de que casi cualquier cosa nos puede tener escribiendo. Lo cual es el chiste.

Y eso era todo, continúen con ese proyecto de novela que, inexplicablemente, los sigue esperando como novia de pueblo. (Siendo esta analogía totalmente válida porque estadísticamente puedo estar en lo correcto de que las novias de pueblo no leen).

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