El amor en el cine mexicano: “Amar está en mexicano”

Debo reconocer que este ensayo debió tener una extensión mucho mayor. Lo cual prueba que soy un pésimo escritor hasta que compruebe lo contrario. Aunque es obvio recalcar que no siempre la cantidad de páginas es directamente proporcional a las neuronas de quien las escribe. Pero en fin.

Debido a la universalidad del tema este ensayo pudo haber llegado a ser una ponencia para tesis, la cual no descartaré del todo y que su consecución tendrá mucho que ver con el hecho de que ¡ya no es obligatorio entregar una!

Pero, dadas las circunstancias, espero (al menos) que la corta extensión del mismo sirva para detonar el interés de futuros lectores en seguir indagando sobre ese sentimiento/emoción/farsa/mentira/elucubración/invento/divertimento que a más de uno le gusta pensar de vez en cuando…cuando quiere relacionarlo con el cine.

Amor, la palabra más larga del mundo

Todo esto porque a veces creo que la relación cine-espectador se ha complicado a tal grado, al menos a mi parecer, que a veces sentimos que nos están tomando el pelo con algunas situaciones amorosas que pasan en el cine mexicano. Y a veces sentimos totalmente lo contrario, cuando vivimos situaciones que nos hacen creer que estamos “dentro” de una película.

Por eso, lo importante no es lo que se me ocurra o lo que se me vaya a ocurrir después si realmente quiero pensar sobre el tema. Pero como se está generando un acervo de los trabajos producidos para las materias del Departamento de Estudios Socioculturales del Iteso (DeVer TV, Discurso Audiovisual, etcétera). Me gustaría tomarme la libertad de videograbar las impresiones que se tienen sobre el amor en el cine mexicano, al menos dentro de todos los que cursamos esta materia actualmente, para tenerlo como un boceto de un proyecto audiovisual que estoy preparando a la par de este escrito.

Del amor al cine y del cine al amor

Nociones como el machismo, la homofobia, la misoginia, el feminismo, la idiosincrasia, la religión, los roles sexuales y el patriarcado, son claves para intentar ir construyendo un análisis sobre lo que se ve en las pantallas acerca del amor y lo que se discute de las mismas. Y es que es ahí, en donde podemos detectar estereotipos o incluso esclarecer cuáles son realmente las intenciones de los realizadores de estas películas, si simplemente darnos “su” visión del amor (que es muy válida), a seguir perpetuando determinadas ideologías a través de estereotipos, clichés y/o discursos moralistas.

Martha Eugenia Valtierra y Silvia Guadalupe Ordaz en su análisis: “La formación de valores a través del cine mexicano y la literatura: una experiencia docente” dicen al respecto: “Al cine habría que entenderlo no sólo como un hecho estético, capaz de ser
estudiado por sí mismo, sino como un fenómeno complejo y de gran amplitud,
que incide en los comportamientos sociales y que a su vez se nutre de ellos” (Valtierra y Ordaz, 2006:1).

Considero necesaria la redacción de un texto como este, porque si partimos de la premisa de que el Cine es parte de nuestra cultura y de que supuestamente nos vemos reflejados en él de manera más fácil y accesible ante los ojos del mundo, debemos de estar atentos a las formas en las que se nos dibuja y/o esquematiza.

Todo esto a raíz de que durante mucho tiempo en el cine mexicano, particularmente en la “Era dorada” (que no fue más que un receso de la industria hollywoodense, cuyo país estaba en tremenda guerra), y en el de “ficheras”, los estereotipos de lo mexicano fueron llevados desde la catarsis hasta lo grotesco y ridículo. Hombres machos y fuertes que sólo muestran sus sentimientos a través del alcohol (en las películas de Pedro Infante) mujeres delicadas y abnegadas que siempre esperan incondicionalmente a sus amados. Y relaciones de pareja que en la mayoría de los casos culminaba en el sueño máximo, vivir en familia.

De ahí mi inquietud de echar una ojeada rápida a cómo se construyen las relaciones sentimentales en el cine mexicano de hoy en día. En películas que se han producido durante los últimos 6 años y que fueron particularmente populares durante sus periodos de exhibición:

Amores Perros (2000)
Amar te duele (2002)
Cansada de besar sapos (2006)

No está de más decir que las siguientes películas son sólo algunas piezas que conforman la extensa cinematografía mexicana que se ha enfocado a ese género. Por lo que no pretendo hacer un análisis exhaustivo de todas las películas mexicanas del género romántico que se han producido durante los últimos 6 años. Se trata simplemente de tomar algunas de ellas para hacer una respectiva sinopsis sobre cada una de ellas y dar mi punto de vista sobre las mismas.

La idiosincrasia machista latente: Cansada de besar sapos

Cansada de besar sapos
Dirección: Jorge Colón
Guión: Joaquín Bissner
Protagonizan: Ana Serradilla, Juan Manuel Bernal
Año: 2006

Cansada de besar sapos es la historia de una exitosa diseñadora de interiores que a punto de cansarse con su prometido se entera de que éste le está siendo infiel por enésima ocasión, por lo que decide desquitarse de él entrando a un sitio de Internet para verse con distintos hombres sin enamorarse aparentemente de ninguno.

En “Cansada de besar sapos” todavía podemos encontrar elementos de idiosincrasia machista en muchas de las escenas que ahí se desarrollan. Principalmente el hecho de que la protagonista “ande” con muchos hombres por despecho, pero sin acostarse con ninguno, con el argumento cuestionable de que está esperando al que realmente es el indicado. Lo cual no tendría ningún problema. Pero se supone que es una mujer que está experimentando una fase de libertad y despecho (subrayo despecho) que no tiene porqué rendirle cuentas a nadie. Y es ahí donde el director “cuida” que a su protagonista no la vayan a tachar de zorra o de fácil acceso.

Incluso, nos daríamos cuenta de esto ya entrada la segunda parte de la película cuando el actor interpretado por Julio Bracho le dice “eres una fresa”, cuando ésta se niega a tener relaciones con él en el lobby del edificio donde se hospeda. Y al final de esta película podríamos seguir perpetuando el estereotipo de que ella se le entregó sólo al hombre apropiado, algo así como el equivalente a esperar hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales. Es increíble pues, ver cómo falla la intención del director de crear un personaje “ideal” para que las mujeres se identifiquen con él. Son relaciones de amor supeditadas a una ideología machista imperante.

Otro ejemplo de represión hacia el sexo femenino lo podemos ver en el papel de la compañera de trabajo de la protagonista, quien siempre le cuenta de todas las aventuras que hace una “amiga” de ella con las personas que conoce en dicha página web, cuando en verdad se trata de ella misma.

Estereotipos que también tienen mucho peso en la película es el del homosexual afeminado “gracioso” (¿hasta cuando veremos papeles de homosexuales que hagan reir sin la misma formula de la manita caída y el cadereo exagerado?)

En cuanto a las situaciones de amor que podemos ver aquí, podría decir que se trata de un amor sano (para las buenas conciencias obviamente) y de corte telenovelesco en el que las situaciones que se abordan son las que desde siempre han caracterizado a este género y que quizás ya estén agotando a más de uno (yo incluido). Como la inminente ausencia del ser amado, el momento de decidirse entre una exitosa carrera y el amor de su vida, entre otras.

Y por último, “Cansada de besar sapos” se me hace un título fresisima por todo lo que implica, que se trata de una princesa buscando a un verdadero príncipe. Por favor.

Amar te duele

Dirección: Fernando Sariñana
Guión: Carolina Rivera
Protagonizan: Martha Higareda, Luis Fernando Peña
Año: 2002

Historia de amor protagonizada por dos jóvenes pertenecientes a polos tan opuestos pero muy cerca entre sí, pues es en Santa Fe, donde Renata (blanca, de clase alta) y Ulises (Moreno, de clase baja) viven un romance que ni las clases sociales, ni el dinero deberían impedir.

En amarte duele, lo que debemos resaltar en primer lugar, y dejarlo en claro para que lo escuche todo mundo, es que jamás, jamás veremos un caso en el que un humilde joven moreno de clase baja enamore a una joven de la más alta alcurnia del distrito federal. Aunque viéndolo por otro lado, esto sirve como un elemento clave para agregarle las dosis necesarias de adrenalina, frustración, coraje y otros elementos que rodean al amor que sienten nuestros protagonistas recíprocamente.

Pues al pertenecer los dos a mundos totalmente opuestos, con diferentes formas de socializar, de vivir la vida, de ganarse la vida, las situaciones que se generan a partir de esto sirven para acentuar el sentimiento de amor, sometiéndolo a una larga cadena de obstáculos que nunca termina. (porque incluso después de morir Renata, Ulises sigue amándola).

Lo que no se le puede reprochar a esta historia, es que aquí los roles estereotípicos que deben seguir un hombre y una mujer en una relación no toman lugar, pues las actitudes y aptitudes de ambos no se dejan influir por lo que se esperaría de ellos por pertenecer a un género en particular. Ulises no tiene empacho en mostrar sus sentimientos y su cariño a su hermano, a su madre y a sus amigos; mientras que Renata no se siente cohibida a la hora de explorar su sexualidad y de cuestionar lo que se les enseña en su colegio.

Amores perros

Dirección: Alejandro González Iñárritu
Guión: Guillermo Arriaga
Protagonizan: Gael Garcia Bernal, Vanesa Bauche, Emilio Echevarría
Año: 2000

Tres historias se entrelazan estrepitosamente al momento de un aparatoso accidente de automóviles en la sobre-filmada Ciudad de México.

En esta película, que pondría al cine mexicano en la mira internacional y cimentando la exitosa trayectoria que está teniendo Alejandro González Iñárritu en el cine mundial nos da prenda de cómo 3 parejas viven el amor de formas distintas. De las películas mencionadas anteriormente quizás esta es la que se acerca sino con realismo, al menos con más rudeza a las relaciones de pareja. Pues ninguna historia deja de ser menos tormentosa que la otra.

La primera historia, que sucede en los barrios bajos de la ciudad de México nos muestra el amor que Octavio, siente por su cuñada (Susana) que no es del todo valorada por su esposo, Daniel, quien además le es infiel. Octavio comienza a ganar dinero en peleas de perros clandestinas y convence a Susana de escapar junto con él a Tijuana (¿la puerta de entrada a un mundo mejor?). Situación que obviamente entra en conflicto ya que Daniel se da cuenta que su hermano empieza a andar con su esposa, y no por amor, sino por una cuestión netamente de orgullo macho, le desagrada totalmente.

En el caso de Susana, vemos que sigue la línea de la mujer abnegada y que está simplemente propensa a lo que Octavio o Daniel decidan sobre ella; aunque después nos podemos dar cuenta que a veces una mujer embarazada no se puede dar el lujo de cambiar amor por sustento.

La historia de Valeria y Ramiro es un buen ejemplo de que a veces un tercero (y hasta un cuarto) pueden influir en que una relación sentimental comience a derrumbarse. Ramiro es un hombre casado que guarda en silencio su relación con Valeria, a pesar de tener un buen trabajo y dos hijas hermosas (ejemplo de doble moral en la sociedad mexicana). Cuando finalmente Ramiro decide irse a vivir con Valeria (algo que decide tras un accidente aparatoso en el que ella no tenía porque haber tenido algo que ver), quien aparte de perder su pierna, ve cómo su sueño de ser una modelo exitosa se va derrumbando en una espiral descendente que involucra a su perrita y a su compañero sentimental.

La historia del Chivo, por su parte, es quizás la más genuina historia de amor que derrumba cualquier cliché. Pues se trata de un hombre de edad madura que busca reivindicarse de todo lo malo que hizo en el pasado, como jamás conocer a su hija y hacerle pasar malos momentos a su esposa por dedicarle más tiempo a la guerrilla que a ella.

El amor que podemos ver en esta historia tiene que ver con el amor de añoranza, de nostalgia por lo que el pasado alguna vez hizo sentir al personaje. Y es quizás en esta última parte de la película donde se libra cabalmente de cualquier cliché sobre el amor contado en la pantalla grande. Pues no sólo vemos cómo el Chivo, magistralmente actuado por Emilio Echevarria, desahoga sus penas ante alguien que físicamente no está o que ni siquiera sabe de su existencia, sino también cómo esa tormentosa relación del pasado haga que el chivo le de un giro a su vida, que ya de por sí no tenía certidumbre.

Epílogo disperso:

Algunas frases que recuerdo de algunas películas mexicanas románticas.

-Renataaaa (escena final de amarte duele, cuando le disparan a la protagonista, y Ulises, interpretado por Luis Fernando Peña grita desconsolado)
-¿Quieres ron, agua o leche? el Chivo ofreciéndole algo de tomar a su secuestrado en “Amores perros”
-¡Eres una fresa! Julio Bracho a Ana Serradilla, tras ver que ésta se niega a fajonear con el en un edificio en “Cansada de besar Sapos”

Preguntas que se llevará el viento:

1.- ¿Son las películas románticas mexicanas una representación de nuestra realidad? ¿De cómo vivimos nuestras relaciones sentimentales?
2.- ¿Cuál es la postura de las mujeres ante las películas románticas mexicanas?
3.- ¿Cuál es la postura de los hombres ante las películas románticas mexicanas?
4.- ¿Se están pareciendo nuestras películas cada vez más a lo que se hace en las películas hollywoodenses sobre el amor?
5.- ¿La posición social de los realizadores influye en la manufactura de las películas?

Fernando Hernández Becerra “Micro”

Bibliografía:

Martha Eugenia Valtierra y Silvia Guadalupe Ordaz en su análisis:, Primavera 2006.

VALTIERRA, Martha Eugenia y Guadalupe Ordaz: en “La formación de valores a través del cine mexicano y la literatura: una experiencia docente” en Revista regional de investigación educativa, Guadalajara, pp.1. Primavera 2006



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