Todos los días hay Dîner en Blanc y obvio no estás invitado, naco

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Ojalá y el evento “Dîner en blanc” del 21 de mayo pasado, “al cual sólo se puede acceder recibiendo una invitación directa de alguno de sus miembros o por medio de una lista de espera”, que privatizó por unas horas la explanada del templo del Expiatorio, y que dejó basura tipo bien -una botella de Moët cuesta 700 pesos, según Costco- fuera un evento aislado.

La mala noticia es que no.

La idea que tienen los organizadores y simpatizantes de este evento es perversa: sólo a través de la exclusión y de lo exclusivo, un espacio público es valioso. ¿Usarlo para manifestarse en contra de una desigualdad? Ni al caso. Urge legislar para que en las plazas nomás nos la pasemos bien, que cenemos vestidos de blanco.

No proviene la crítica a la Dîner en blanc de parte de “resentidos sociales”. Proviene de desigualdades sistemáticas que tienen su punto álgido con la privatización momentánea de las poquísimas áreas donde los no-ricos pueden disfrutar ratos de ocio: el acomodado puede elegir entre vestirse de blanco y cenar en Andares o en cualquier espacio público previamente esterilizado. El otro, no.

Y en temas que importan, lo peor de todo es que a gran escala, lo oscurito de las licitaciones, concesiones y permisos, son una especie de Dîner en Blanc sistemática -sólo los del club entran- de la que nadie se entera.

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