Cambiar el arco

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Cansado de que se burlaran de su pañalito, su arco y sus flechas inocuas, Cupido llegó a una resolución. El mero día, el que unos aman y otros odian, llegó encapuchado a Plaza Liberación y sacó una pistola: “ora hijos de su pinche madre, se me ponen a hacer parejitas o se los carga la chingada!”, gritó. En seguida fue acomodando a los indecisos junto a las impacientes, a los enclosetados con los desesperados y a los calientes pero imposibilitados moralmente. Hizo que entre ellos se tomaran de las manos.

-Ahora bésense, y cuidadito con que no disfruten eso que tanto les cuesta sentir.

Se fue alejando, caminando hacia atrás, apuntando con su pistola a todas las parejas.

Sólo se escuchaba el rumor del tráfico en Alcalde. Un niño boquiabierto dejó escapar un globo que pronto se perdió en las nubes grises de Guadalajara.

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