California Dreaming: Los Angeles y el camino a Richmond

Te tienes que fijar en los detalles para descubrir cosas que nadie más ha visto. Yo encontré simplemente lo que me esperaba y lo que he visto en películas como Crash. Una ciudad un tanto gris, recorridos efímeros que hice al regresar después de la escena del bad guy y su novia prima del pelayo fueron interesantes. Pasar relativamente cerca del edificio de Capitol Records (que portaba en lo más alto una manta anunciando el nuevo disco de Coldplay, que por cierto, no me gustó), recorrer media cuadra del Hollywood Blvd, que es donde están las estrellas de los famosos, tomar fotos del metro de la ciudad, transbordar, intentar platicar con una gringa que resultó ser Puertorriqueña, llegar a Fullerton, tomar algunas fotos y grabar algo de sonido y llegar a Anaheim a comer unas codornizes fritas al estilo carnitas con una salsa verde a base de cilantro y tomatillo que estuvo de no mamar.







En la tarde, edité una canción que compuse basada en el capítulo 7 de la novela Rayuela, de Julio Cortázar, y ya en la noche salí a Downtown Disney, bajo advertencia de mi sobrina Stephanie de que nos aburriríamos, cosa que no sucedería, pero que sí resultaría ser menos de lo que me esperaba comparándolo con el City Walk de los estudios Universal (a donde fuimos de antro la noche en cuestión). Alma mi hermana, Shantal mi sobrina, y Diana, la amiga de Stephanie nos la pasamos chill out dude.





Epílogo angelino

Escribo estas líneas justo antes de llegar a Richmond via Amtrak (la línea ferrocarrilera de California) en lo que resultó ser un viaje muy cómodo (¿porqué el gobierno mecsicano no revive nuestras líneas de ferrocarril?), pero bastante intrascendente en lo que refiere a lo anecdótico. Paisaje medianamente observable para mirar de reojo, empleados malhumorados y comida espantosa: Cuando pides alitas, esperas un plato humeante con unas alitas fritas y su pedacito de apio acomodado de manera correcta, y las muerdes y sientes el vaho y la carne ceder fácilmente ante tus dientes y disfrutar de la mezcla perfecta de condimentos y grasa frita. Cosa que no pasó aquí, mis “spicy chicken wings” resultaron ser CASI crudas y calentadas en el microondas, algo que ni olía y que ni sabía bien. Creo que llegaré a devorar una hamburguesa del Jack in the box para olvidarme de esta terrible experiencia culinaria.

Llegando a Richmond abrazaré a mi hermano, ignoraré a mi cuñada y aventaré al cielo a mi sobrino tommy para cacharlo y volverlo a arrojar hacia arriba hasta que mis brazos se tironeen o él se vomite, lo que pase primero.

Estos son los videos que les debia (acentos tambien les debo) de Wisteria Lane)



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