Barack Obama en Guadalajara (Parte 2)

I.

La segunda parte de esta historia tiene que ver con un servidor un poquito desilusionado, pero todavía con ánimos de seguir en vivo y a todo color, la:

¡Cumbre de Líderes de América del Norte!

Protagonizada por Barack Obama como Barack Obama, Stephen Harper como él Mismo y Felipe Calderón como la ilusión mexicana de que ya no se necesiten visas para entrar a Canadá (ya ni siquiera Estados Unidos) renegociar el TLCAN y otras joyitas más.

Bien, pasé de nueva cuenta por Marshall para dirigirnos de nueva cuenta al Hospicio Cabañas, sede de dicho evento, para al menos ver de lejitos al protagonista de frases pegajosas y llenas de esperanzas -quizás cortesía de un creativo comunicólogo, cof cof – como “Un cambio en el que podamos creer” (nótese la cantidad de matices que hay en la frase como para que no haya malentendidos).

El itinerario ésta vez fue más corto. Después de un breve rodeo nos estacionamos en la calle maestranza y un tipo asqueroso, después de “cotorrear” para intentar “caerme bien”, me soltó la sentencia que me repatea las bolas escuchar cada que quiero estacionarme en el centro: “…son 30 varos para que no me le hagan nada a tu coche, que yo me quedo aquí toda la noche blua blua blua”.

Miren, no estaba de modo para exponerme a que le hiciera algo a mi camioneta si no le daba algo y me iba por la nota, así que mi momento de decisión se vio acelerado por lo asqueroso de esta persona. No era sólo el hecho de que en su “cotorreo” me dijo no sé que tantas mamadas acerca de las mujeres, que estaba viendo una revista con mujeres, pero que luego quieren que uno las mantenga y no sé que chingados más; era el hecho de que cada que terminaba una frase se pasaba su cepillo de dientes y escupía, que pa’ que nadie le haga nada a su coche, cepillaba y escupía, que risita falsa para mostrar empatía; cepillaba y escupía.

Fue entonces cuando aprendí que la camioneta de la familia -miren a uno y sus valores pro-vida – corría peligro: si tu aspirante a cuida-coches se cepilla los dientes sin pasta, debes tener cuidado. Mucho cuidado. Estacionate un poquito más lejos y evita al viene-viene.

II.

Nos enfilamos directamente al Hospicio Cabañas después de sacarle la vuelta a una mini-manifestación de braseros en el andador poco antes de llegar a la tienda de botas “Tres potrillos”. El operativo de seguridad lucía impecable, pero para llegar a un costado del Cabañas, tuvimos que caminar por el Mercado Libertad (o conocido también como San Juan) por el lado de Javier Mina, dar vuelta a la izquierda en esa misma manzana y encontrarnos con el lado opuesto del Mercado (ocupa toda una manzana) ya circundado por elementos de seguridad pública del municipio y del Estado. Por lo que tuvimos que caminar un poco más allá de la calzada (la Guadalajara no-normal, como dijera una fresa pendeja del ITESO) para buscar un ángulo que nos permitiera captar el momento exacto en que se dignara a llegar Obama, que para un servidor genera más emoción que una eventual visita papal. ¿Será por que soy ateo?


Foto: Marshall

Pero lo único que nos topábamos a cada esquina era a un agente, o policía, o soldado, listo para recibir cualquier órden que atentara contra la paz y el orden público. Que viene siendo así como la frase de justificación cuando a las autoridades les llega una “recomendación” de Derechos Humanos. Era en verdad como estar en una película, en la que el punto de tensión está a punto de encontrar una válvula de escape por cualquier lado. Pero es bueno decirlo de una buena vez: ya sea por la apatía tapatía (o dejadez), por la opaca represión de la pasada cumbre del 2004, o por el total desinterés de los organizadores por hacer de esto un evento multitudinario, no se requerían las cantidades ridículas de policías (se dice que fueron 2000), militares, patrullas y demás parafernalia para proteger a tres mandatarios, por más importantes que sean.

Si los servicios de inteligencia fueran tan…inteligentes, se habrían dado cuenta de que algún tipo de guerrilla, golpe de Estado o atentado en contra de estos mandatarios se había estado fraguando en alguna cofradía secreta de izquierdistas radicales o en una comuna neo-punkcomunista. Pero no, y bastaba echar un vistazo a la vida cotidiana dominguera que transcurría impávida por las calles aledañas.

¿Qué sentimiento puede aflorar de una persona de a pie al ver a unas niñas de entre 10 y 12 años jugar con una pelota semidesinflada ante la mirada de soldados cargados con armas de grueso calibre en una de las calles cercanas al Hospicio? Imágenes repetidas una y otra vez.


Foto: Marshall

Pero estuvo bien no desistir.

Después de una hora de caminar y divagar sobre cuál de los puntos nos iba a privilegiar al menos con una gran foto de La Bestia, decidimos caminar de nuevo hacia la calzada Independencia después de cruzar Hidalgo (que estaba cerrada), caminar dos cuadras más, y luego virar hacia la izquierda, hasta llegar nuevamente a Hidalgo, ahora en su cruce con dicha calzada, y esperar en el primer puente que está a la salida del paso a desnivel, que permite a los conductores saltarse la calle 16 de septiembre y la misma Calzada Independiencia; fue cuando decidimos esperar a la comitiva ahí.

Y llegó.

Mínimo 25 suburbans equipadas hasta donde llega un presupuesto gringo/mexicano/canadiense, dos autobuses ETN, un camión lleno de soldados, sendas patrullas de la federal preventiva, uno que otro privado, algunas motocicletas de vialidad y un semi-momento de emoción entre los poquitos que nos congregamos en ese punto de la ciudad para recibir a nuestro Presidente Barack Obama (¿o ya de plano no creo en la soberanía?).


Foto: Marshall

Lo malo es que no se vio a La Bestia, o lo que es lo mismo, no pinche Barack Obama abriendo su ventanita para sacar su manita de chocolate y saludar a nuestras manitas frijoleras; Resulta que los tres helicópteros que minutos antes habíamos visto zurcar el cielo eran los que transportaban al todavía popular y carismático presidente que todavía goza de la aprobación de muchos.

Aunque la realidad apunta a que le falta poco.


Foto: Marshall

Epílogo

Lo último que hicimos fue caminar hacia el lado frontal del Hospicio Cabañas, y ver, a lo lejos, a gente muy importante hacer y hablar cosas importantes. Según esto pues.

Por último:

1. Una nota en el periódico local Publico-Milenio, señalaba que en la tienda de disfraces del Mago Granell, una persona llegó y compró las 60 máscaras de Barack Obama que tenían en existencia. Gracias cabrón, ¡me arruinaste la sesión!

2. ¿Por qué habría alguien, en su sano juicio y quitando los ánimos de lucro, comprar 60 máscaras de Barack Obama? Si fuera con ánimos de lucro, al menos se hubiera dejado ver un manifestante anti-neoliberal con una ¿no lo creen?

3. Si van a este tipo de eventos, acuérdense de la película “Nunca te vayas sin decir te quiero”…no vaya a ser.

4. Stephen Harper me cae gordo. Quita la imagen de los canadienses buena onda que siempre hemos tenido a comparación de los gringos.

5. Neta, cero máscaras en cuadras y cuadras a la redonda. Digo, no es que guste del compló, pero…

6. Espero que Marshall sí tenga suerte mañana

Foto: Marshall



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