Amigo, ¿quieres cotorrear?

tamara

Amigos hombres, dimensionen: hace más de un año estaba parado esperando el camión. Con el semáforo en rojo, una camioneta se detuvo a mi lado. De ahí se asomó un tipo que me dijo: “¿quieres cotorrear?” mientras me escaneaba, una y otra vez. Que “a dónde iba”. Y de nuevo, “¿quieres cotorrear?”. Dimensionen, un tipo de casi 50 años me hizo sentirme incómodo e incluso vulnerable a pesar de que en una situación extrema podríamos estar en igualdad de circunstancias físicas (mido 1.86 y peso 80 kilos). Y aún así, qué horror imaginar lo peor: que me hubiera perseguido, que se hubiera bajado de la camioneta, que hubiera tenido yo que forcejear y golpearlo y correr, percibir el olor, el aliento, el estrés al máximo para repeler a un imbécil que quiere obtener placer y poder a costa mía.

Quítenme a mí de la escena y pongan a cualquier mujer. El bato le pregunta que si quiere cotorrear, que a dónde va, y la persigue, y ella no puede repeler ni la mirada, ni el olor, ni el aliento, ni las manos… Si todo eso pasa por su cabeza hasta que el tipo se pierde de vista, la sensación de alivio es tramposa: falta otra cuadra para llegar al destino, hay que tomar otro camión, hay otro día que padecerse. Metros que andar para que la norma “llegar a salvo” siga siendo eso: llegar.

Todo eso, mientras ustedes se rasgan las vestiduras porque está en riesgo el método más ineficaz en la historia del ligue: gritarle “guapa” a una mujer que no se los pidió.

Aquí una serie de artículos que escribí al respecto hace año y medio, después de ese incidente. Todo eso a raíz de, lean bien, cada-caso-previo-al-de- Tamara De Anda- y a los que seguirán si la atención la ponemos en quien denuncia y no en el maldito victimario.

Aquí los artículos de hace ya más de un año:

http://microgdl.com/acoso/

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