29: El logro más fácil del universo

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Cumplir años es el logro más fácil del universo. Antes de nacer ya competiste y le ganaste a millones de espermatozoides. Eres un trofeo andante, el consuelo maximizado de los felizólogos.

La antesala de los 30 es muy distinta de la antesala de los 20. A los 19 no te importa nada. Sólo tener veintitantos para siempre. Quizás puedes pasarlo de noche y todo bien. Pero a los treinta se te empieza a acumular todo y quieres jalar la palanca del freno de mano para contemplar, aunque sea unos instantes, la vida que te desborda por todos los flancos.

Pero jalar la palanca implica derrapar, salirte de control, hacer un giro y quedar apuntando hacia el otro sentido de la carretera. El que ya dejaste. Igual te sirve para ver que está sobrevaluado lo que ya dejaste atrás.

Lo primero que hice en las primeras horas de mis 29 años fue levantarme como a las 4 de la mañana a comer uno de los tres tamales que me regalaron la noche anterior. (Tendrán que explicarme, futuros colegas del tercer piso, si esto de despertarse con antojo tiene que ver con la edad).

Luego soñé que el tiempo estaba detenido a las 6 de la mañana. Es decir, me despertaba con el reloj a las 6 de la mañana. Inamovible, congelado. Entonces me confiaba y me volvía a dormir, sólo para soñar que despertaba a las 6 de la mañana. Inamovible, congelado. No sé cuánto tiempo pasó entre esas seis de la mañana y las siguientes seis de la mañana. A alguien le debo ese tiempo.

Dos horas después fui a correr al único lugar con árboles de la colonia Santa Tere: las afueras de un colegio fresa. El Cervantes. Mientras eludía a uno que otro alumno o alumna a mi paso, pensé muy someramente en esa antesala que mencionaba arriba. Mucha piel lozana, mucha vida por vivir, mucho acné. Y no extrañé esa etapa ni poquito.

Una vez leí una columna de Enrique Blanc donde criticaba a sus contemporáneos por su postura cansina de mirar al pasado con cierta tristeza, asociando sus mejores años con la música que escucharon en su juventud. Me sumo a eso, y agrego también otros aspectos de la vida.

La vida que abordas con otras comidas, otros viajes, otros amigos (o nuevos amigos reinventados), otros deportes (o menos del que te apasiona). Sí, tus rodillas comienzan a fallar. Si te da sueño o hueva un bar o una fiesta, te largas a dormir y despiertas fresco. Sin cruda. Sin lamentarte de haber caído en la provocación de a ver quién aguanta tomar más shots de tequila. De ganar la más necia de todas las luchas: aguantar una fiesta de principio a fin.

A lo mejor estoy en los treinta desde hace rato. A lo mejor seguiré en los veinte un poquito más allá de los treinta. Mientras tanto, todo me sabe distinto. El sexo: menos baboso y más paciente. El amor: menos pirotecnia y más un horno que prepara delicias. La salud: diplomacia pura con uno mismo. ¿Y el dinero? sigue sabiendo a metal.

Este soy yo en el último año de mis veintes. ¿Ustedes?

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Acá lo que escribí a mis 28

http://soymicro.blogspot.nl/2013/12/veintiocho-lo-que-me-han-y-lo-que-he.html

Acá, a los 23

http://microgdl.com/23-y-mirando-atras/

(sí, me faltan años. No sé por qué no he sido constante para irlos documentando).

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